De un día para el otro, aunque es usual, Sam Altman se convirtió en tendencia. El CEO o Director Ejecutivo de OpenIA hizo un anuncio técnico, pero más que nada suena a un rediseño del funcionamiento de la sociedad con la Inteligencia Artificial.
Muchos analistas y políticos están criticando el timing de estas propuestas, ya que consideran que OpenAI quiere dictar las reglas del juego. Esto, antes de que los gobiernos le pongan límites más estrictos.
Muchos cuestionan por qué deberíamos confiar en que su empresa diseñe las reglas del juego en el que OpenAI es el jugador más poderoso. El documento de 13 páginas está titulado “Industrial Policy for the Intelligence Age” (Política industrial para la era de la inteligencia). En él, Altman propone medidas que parecen sacadas de la ciencia ficción pero que él plantea como urgentes:
Quiere crear un fondo nacional donde las empresas de IA aporten parte de sus beneficios para repartir dividendos directamente a los ciudadanos. Según su esquema la semana laboral debe ser de 32 horas y la reducción debe hacerse sin bajar los sueldos, como un "dividendo de eficiencia" por el trabajo que ahora hace la IA y quiere una red de seguridad social que se dispare sola cuando el desempleo tecnológico llegue a ciertos niveles.
Los peligros
Altman ha estado dando entrevistas (como en Axios y el programa Mostly Human) donde advierte que el riesgo de que la IA ayude a crear patógenos peligrosos o facilite ciberataques ya no es teórico, sino algo que podría pasar el año que viene. Está pidiendo una especie de "OIEA" (como la agencia de energía atómica) pero para la inteligencia artificial.
En tanto, el informe de The New Yorker, es el que ha encendido la mecha de la desconfianza justo cuando él intentaba dar su mensaje optimista. Es un reportaje larguísimo (unas 16.000 palabras) escrito por Ronan Farrow y Andrew Marantz, basado en más de 100 entrevistas y documentos internos que nunca se habían visto. Lo que dice es bastante fuerte y se resume en una idea: un patrón de manipulación y engaño.
Quizás lo más polémico es que el reporte menciona que OpenAI consideró un plan para enfrentar a líderes mundiales entre sí. La idea era crear una especie de "subasta" entre potencias para ver quién financiaba más a la empresa, usando el acceso a la tecnología como moneda de cambio. Algunos empleados lo describieron como "completamente demente".